Blog de Juan Antonio Ruescas, profesor de Filosofía y ciudadanía.
Abierto a la participación de los alumnos de esta y de otras materias del Departamento de Filosofía

martes, 20 de abril de 2010

¿Qué es ser republicano?
Muchos celebran el “abril republicano”, así que propongo a los seguidores de este blog (¿hay alguien ahíííí….?) que den su opinión sobre esto del republicanismo.
Parece ser que, en parte, lo del republicanismo tiene que ver con el mecanismo para elegir al jefe del Estado. Es el primer punto sobre el que me interesa vuestra opinión. Parece sensato que el jefe del estado no sea elegido en unas elecciones, ya que una candidatura con posibilidades reales sólo es viable con el respaldo de un partido al que sólo apoya una parte de la ciudadanía. De modo que, superadas las pretensiones absolutistas de los monarcas, tiene sentido confiar el papel de moderador a un rey que se sitúa por encima de las disputas entre partidos –por lo demás, legítimas-. Pero, por otra parte, parece razonable -y más democrático- que, ya que los ciudadanos podemos pronunciarnos sobre otras cuestiones, también podamos hacerlo sobre la persona que nos parece más adecuada para ocupar un puesto tan importante como el de jefe del Estado. Es verdad que muchos no se sentirán representados por esa persona, pero lo mismo ocurre con otros cargos que simplemente son reemplazados en las siguientes elecciones si no tienen la confianza de la mayoría, y no pasa nada.
Pero casi me interesa más vuestra opinión sobre otro aspecto del tema del republicanismo. Quizá ser republicano es pensar que en una sociedad de individuos libres y racionales ningún poder, institución, creencia o tradición debe estar por encima de lo que esos individuos decidan en el ejercicio de su libertad. Recordemos lo que decía Kant en La paz perpetua: que “república” no se opone a “monarquía” sino a “despotismo” (ver La paz perpetua, sección segunda, primer artículo). Según Kant, no hay constitución republicana si los ciudadanos se convierten en súbditos. Y aquí surge mi cuestión. ¿Qué situaciones o actitudes actuales hacen que se piense en los individuos como súbditos antes que como ciudadanos?
Sobre estos temas me interesan vuestras opiniones. ¿Se pueden mantener ideales republicanos aceptando la monarquía o ser republicano implica oponerse a ella? Repito: espero vuestras opiniones, aunque sigo preguntándome anhelante: ¿hay alguien ahí…? (o como diría el Boss: is there any body alive out there…?)

viernes, 12 de marzo de 2010

¿Significa algo la palabra "fascista"?

Por desgracia, se está convirtiendo en algo frecuente que alguien vaya a una Universidad para dar una conferencia y una masa de vociferantes pretenda impedirlo. No hace mucho le pasó a Santiago Carrillo. Hace poco le pasó a Rosa Díez, también en una Universidad (la UAB), y la escasísima rotundidad de las condenas a esta última agresión me hace temer que algo así volverá a pasar más de una vez. Lo que este tipo de actos y actitudes supone lo ha retratado bien un compañero de Rosa Díez: Carlos Martínez Gorriarán, de cuyo blog me permito citar unas palabras que reflejan bien el modo en que esta forma de actuar reproduce el “fascismo incipiente” (ver http://carlosmartinezgorriaran.net/, 5-3-10): se trata de que unos cientos de «camisas pardas» campan a sus anchas «ante el miedo, la indiferencia o la abierta colaboración de quienes deberían oponérseles»; se trata pues, según Martínez Gorriarán, de…
«…genuino fascismo en sus primeros estadios: ultranacionalismo antidemocrático trufado de una retórica izquierdista -el pueblo en peligro, los derechos sagrados de la tierra y la lengua, la ocupación extranjera- que sólo disimula su verdadera naturaleza. Mussolini primero y luego Hitler la emplearon a fondo. La fashion fascistoide ha cambiado y el modelo de vestimenta es ahora el de borroka vasco, no el de ario repeinado portando pulidos correajes, pero el fin y el mensaje son los mismos: aterrorizar al disidente metiendo el miedo en el cuerpo».
Lo curioso de la cosa es que los que muestran actitudes fascistas eligen precisamente este adjetivo para insultar e intentar intimidar a sus víctimas. Lo cual me plantea una duda. Es posible que “fascista” sea un término que se ha vaciado de sentido, debido a que personas de tendencias opuestas lo usan para acusarse mutuamente. Pero, por otra parte, quizá haya que reivindicar el correcto uso del término para llamar a las cosas por su nombre y que no sean precisamente los más fascistas los que nos llamen “fascistas” a los que no lo somos. Propongo a los alumnos de las materias relacionadas con el Departamento de Filosofía, y en general a los interesados por “pensar la ciudadanía”, que en sus comentarios me den su opinión sobre este punto.

sábado, 27 de febrero de 2010

Un texto y una reflexión

He trabajado en clase con los alumnos a partir de un texto de Fernando Savater que quiero proponer en este blog:

«La ciudadanía democrática es la forma de organización social de los iguales, frente a las antiguas sociedades tribales formadas por idénticos y las sociedades jerárquicas que imponen desigualdades “naturales” entre los miembros de la comunidad. Los iguales lo son en derechos y deberes, no en raza, sexo, cultura, capacidades físicas o intelectuales ni creencias religiosas: es decir, igual titularidad de garantías políticas y asistencia social, así como igual obligación de acatar leyes que la sociedad por medio de sus representantes se ha dado a sí misma. En una palabra, el ciudadano es el sujeto de la libertad política y de la responsabilidad que implica su ejercicio» (FERNANDO SAVATER. Diccionario del ciudadano sin miedo a saber. Ariel).

He querido recordar a los alumnos que la igualdad de la que habla Savater no es otra que la igualdad de la que habla el artículo 1 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos: «Todos los seres humanos nacen libre e iguales en dignidad y derechos…». Es decir: igual valor de todo ser humano y diversos rasgos en cada uno. Pero me pregunto de dónde podría o debería nacer nuestra convicción de que todo ser humano es igual en dignidad. ¿Es una verdad objetiva? ¿Es una apuesta por la que creemos mejor forma de vida? ¿Es una herencia de las tradiciones religiosas? ¿Es un invento moderno? Recibiré encantado vuestras opiniones sobre este punto.

miércoles, 24 de febrero de 2010

Filosofía y ciudadanía y la competencia social y ciudadana

La capacidad para tener una buena relación de convivencia exige que el alumnado practique activamente el diálogo y la negociación. Son éstas habilidades que configuran la competencia social y ciudadana. En el bachillerato, cobran especial relevancia estas competencias pues el alumnado, durante esta etapa, es o va a ser pronto sujeto que participa más directa y activamente en las instituciones y en la sociedad en general. En el campo de los conocimientos, la competencia social y ciudadana implica la comprensión de los códigos de conducta y morales, así como la valoración positiva de ideas tales como democracia, ciudadanía, derechos y deberes… Las materias comunes son especialmente propicias para que este conocimiento tenga un fuerte componente reflexivo e integrador, tanto de distintos enfoques teóricos como de distintos planteamientos disciplinares. Pero, en el desarrollo de esta competencia, más si cabe que en las demás, el puro conocimiento no tiene sentido separado de la habilidad y el interés para llevarlo a la práctica.

Filosofía y ciudadanía contribuye a desarrollar esta competencia, ya que en esta materia es imprescindible que la práctica del diálogo se realice como habilidad interpersonal que configura la competencia social y ciudadana. Filosofía y ciudadanía ha de tener una aportación fundamental para que el conocimiento de los diversos conceptos y realidades relacionados con la ciudadanía tenga un componente reflexivo. Este componente reflexivo debe permitir la visión integradora de los problemas y de las respuestas que han propuesto las diferentes escuelas y tradiciones de pensamiento. Además, la competencia social y ciudadana implica conocer y justificar la necesidad de que la razón esté al servicio de la construcción de una sociedad más justa, democrática y solidaria que utiliza el diálogo como principal herramienta.