La capacidad para tener una buena relación de convivencia exige que el alumnado practique activamente el diálogo y la negociación. Son éstas habilidades que configuran la competencia social y ciudadana. En el bachillerato, cobran especial relevancia estas competencias pues el alumnado, durante esta etapa, es o va a ser pronto sujeto que participa más directa y activamente en las instituciones y en la sociedad en general. En el campo de los conocimientos, la competencia social y ciudadana implica la comprensión de los códigos de conducta y morales, así como la valoración positiva de ideas tales como democracia, ciudadanía, derechos y deberes… Las materias comunes son especialmente propicias para que este conocimiento tenga un fuerte componente reflexivo e integrador, tanto de distintos enfoques teóricos como de distintos planteamientos disciplinares. Pero, en el desarrollo de esta competencia, más si cabe que en las demás, el puro conocimiento no tiene sentido separado de la habilidad y el interés para llevarlo a la práctica.
Filosofía y ciudadanía contribuye a desarrollar esta competencia, ya que en esta materia es imprescindible que la práctica del diálogo se realice como habilidad interpersonal que configura la competencia social y ciudadana. Filosofía y ciudadanía ha de tener una aportación fundamental para que el conocimiento de los diversos conceptos y realidades relacionados con la ciudadanía tenga un componente reflexivo. Este componente reflexivo debe permitir la visión integradora de los problemas y de las respuestas que han propuesto las diferentes escuelas y tradiciones de pensamiento. Además, la competencia social y ciudadana implica conocer y justificar la necesidad de que la razón esté al servicio de la construcción de una sociedad más justa, democrática y solidaria que utiliza el diálogo como principal herramienta.
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