Blog de Juan Antonio Ruescas para intercambiar opiniones y realizar actividades con alumnos y alumnas de las materias impartidas por el Departamento de Filosofía.
Abierto a la participación de los alumnos de esta y de otras materias del Departamento de Filosofía
miércoles, 24 de febrero de 2016
1. Toda existencia es sufrimiento.
2. El origen del sufrimiento es el deseo.
3. El sufrimiento puede extinguirse, suprimiendo su causa (el deseo).
4. Para extinguir la causa del sufrimiento (el deseo) debemos seguir el Noble camino óctuple: recta comprensión, recta determinación, recto hablar, recto actuar, recto medio de vida, recto esfuerzo, recta consciencia (estar-presente), recta concentración )
A partir de aquí propongo una reflexión a los alumnos de Psicología, a propósito del tema de la motivación: ¿es posible este camino?, ¿es posible suprimir el deseo?
jueves, 23 de abril de 2015
A partir de esta sugerencia, planteo la siguiente ACTIVIDAD: investiga, en radio, televisión, Internet y periódicos, a ver si es verdad lo que digo. ¿Estás de acuerdo?, ¿o tampoco es tanta la presencia de la Filosofía en los medios? ¿Qué opinas? ¿Qué has encontrado? Debes introducir algún comentario a esta entrado con tu participación. Recuerda que si no eres seguidor de este Blog, debes hacerte seguidor cuanto antes.
martes, 21 de abril de 2015
lunes, 13 de febrero de 2012
sábado, 8 de enero de 2011
Otra "teoría" sobre la ética
«Es sumamente ridículo el hecho de que desde el más enloquecido abertzale o autonomista hasta alguien (…) rabiosamente unitario y nacional (…) incurran indistintamente en la misma jerga de borrachos de la “identidad” (…). El fundamento filosófico de la moral de identidad y el hálito religioso del culto a San Simismo no consisten sino en la convicción de que nadie puede encarar su propia vida ni darle cumplimiento más que rigiéndola (…) con arreglo a cierta peculiar figura embrionariamente inscrita a nativitate en las entrañas del sujeto. (…) Hoy, por lo visto, nadie considera que pueda hallarse en la tierra ni en el cielo otro santo más digno de imitar que él mismo. El santo universal, el santo único es hoy únicamente San Simismo. (…) A la moral de la identidad, en fin , acaso el nombre científico que mejor le cuadre se el de “moral del pedo”, pues la condición particular del pedo es tal vez la figura más capaz de definir con plena exactitud la situación, en la medida en que la escrupulosa selección de lo genuinamente propio y el riguroso rechazo de lo extraño por los que se distingue la actuación moral de identidad en ninguna otra imagen podrían estar mejor representadas que en el pedo, a cuya esencia igualmente pertenece la rara condición de que nos complacemos en el aroma de los propios tanto como nos causa repulsión el hedor de los ajenos»
A los seguidores de este blog que sois además alumnos de Ética de 4º en el IES de Valera, os propongo que me comentéis el texto de Sánchez Ferlosio y me digáis si os interesa más o menos que las teorías que hemos visto en clase, y por qué.
viernes, 19 de noviembre de 2010
Teorías éticas y convivencia
miércoles, 22 de septiembre de 2010
Imagina
A propósito del descubrimiento en Las Hoyas (Cuenca) de un nuevo dinosaurio, el paleontólogo José Luis Sanz concedió una entrevista al diario “El País”. Preguntado por la causa de que sintamos atracción por estos animales, el científico afirmo: "Creo que (los dinosaurios) han sustituido, en la mente colectiva, al mito de los dragones, a esos animales que en las creencias populares medievales proceden del inframundo”.
Esto me recuerda que los mitos, la filosofía y la ciencia tienen en común el deseo de entender nuestro mundo, como decía al principio, y que todas las buenas respuestas que hemos elaborado para intentar satisfacer esa pulsión de curiosidad tienen en común la capacidad para imaginar. Es verdad que se debe tener cuidado porque cuando la imaginación se pone a trabajar puede surgir también la mera ensoñación, o el autoengaño. Pero, sin llegar a tanto, un poco de fantasía nunca viene mal. Prefiero al que fantasea (siendo consciente de que lo hace) que al que nunca fantasea. ¿Es que no estamos mejor ubicados en nuestro mundo cuando somos capaces de pensar en ciertas cosas aunque sabemos que “no las hay”? No las hay pero bien que nos gustaría que las hubiese. Que las hubiese y que pudiésemos verlas. ¿No nos prepara esta “insatisfacción con lo que hay” para ampliar nuestro mundo?
Lo importante, en cualquier caso, es la capacidad para imaginar. Fue en la imaginación de los científicos donde muchos de los grandes hallazgos de las ciencias (¿todos, quizá?) existieron por primera vez.
Con o sin fantasía, pensar consiste, precisamente, en ir más allá “de lo que hay”. Ceñirse a “lo que hay” no es pensar, es “administrar”. Y de administración ya anda sobrado nuestro mundo. Así que bienvenida sea la capacidad para imaginar. La imaginación le sirve al paleontólogo para reconstruir cómo sería el aspecto y la vida de un dinosaurio del que sólo encontró unos huesos (aunque luego tendrá que ser riguroso para confirmar o negar lo que ha imaginado); la imaginación sirvió a los antiguos para explicar la realidad con mitos y poder expresar así algunos vínculos de unión con sus conciudadanos; la imaginación puede servirnos a todos para saber que las cosas en nuestra sociedad siempre pueden ser distintas de cómo son.
Los de mi generación recordarán un mensaje de "La bola de cristal": se veía una imagen pixelada y una voz decía: tienes 20 segundos para imaginar... Y, transcurrido el tiempo: si no se te ha ocurrido nada... a lo mejor deberías ver menos la tele. ¿Recordáis? Lo interesante sería que la vida, en general, fuese para nosotros como aquella imagen pixelada.
miércoles, 23 de junio de 2010
En una publicación del CEP de San Clemente he colaborado con un breve escrito del que propongo en este blog el siguiente fragmento:
Una escena a la manera de Platón
A los postres, uno de los discípulos expuso su cuestión al maestro:
DISCÍPULO: - Maestro, ¿puede un hombre joven sentir que este mundo ya no es su mundo?
MAESTRO: - Me inclino a pensar que no.
D. – ¿Por qué?
M. – Verás. Sólo aquel que ha amado su tiempo y se ha apasionado por su mundo puede sentirse extraño cuando sus ojos ya no reconocen lo que ven a su alrededor. Sólo aquel que ha envejecido cruzando el desierto, amándolo, puede irse en paz sin pisar la tierra que sus hermanos aún desean. Y tú apenas has comenzado a pisar el desierto. Por eso, si es verdad lo que dices, si sientes que éste ya no es tu mundo, no deberías considerarte una mera víctima del apresurado fluir del tiempo. No sólo te habrían robado tu mundo. También ocurriría que te falta coraje para hacer de este mundo “tu mundo”. Habrías renunciado a ser un creador. Si has renunciado a eso, verdaderamente este mundo ya no es tu mundo, pero el tuyo es un destierro culpable.
D. - Pero es que a veces me siento viejo. Aunque no tengo muchos años, a veces siento que los más jóvenes son ya demasiado distintos de mí.
M. - Cuidado: ni se puede ni se debe anticipar la vejez. Mucho peor que la culpable minoría de edad, que consiste en no atreverse a pensar, es la culpable vejez, que consiste en no tener el valor de ilusionarse.
D. - ¿Y no hay excepciones?
M. - Sí, las hay. Siempre hubo espíritus excepcionales, cuya existencia fue lo suficientemente intensa como para que su vejez temprana no fuese la coartada para su pereza. Pero no te permitas la vanidad de pensar que eres uno de ellos.
D. - Entonces, si me siento viejo antes de tiempo, seguramente no sea síntoma de vigor, sino de claudicación.
M. - Así lo parece, si las cosas son como las hemos dicho. ¿O crees que omitimos algo?
D. - Sí. Creo que habría que considerar algo más. Sin embargo, para explicártelo, te pediré que me permitas dar algún rodeo.
M. - Adelante.
D. - ¿No crees que mi extrañamiento del mundo sería menos culpable si mi situación me fuese dada como algo impuesto?
M. - Quizá. ¿Crees que eso es lo que te ocurre?
D. - Sí, así lo creo, aunque estoy seguro de que, más adelante, tú por tu parte querrás completar el paisaje que te estoy pintando. Pero deja que de momento sea yo el que dibuje.
M. – Dibuja.
D. - Creo, efectivamente, que mi destierro –si así convenimos en llamarlo- tiene algo de destierro impuesto. Es un destino. Cuando he reflexionado sobre ello, he llegado a concluir que, desde mis años de infancia, este mundo ya no era mi mundo.
M. - ¿Por qué?
D. - Porque no elegí la educación que había de recibir.
M. - Y de ahí viene todo ¿verdad?
D. - Sí… me educaron para habitar un mundo que ya no existe. Y eso es una pesada carga. No puedo dejar de ser lo que mi educación hizo de mí, pero esa educación ya no me vale.
M. - Entonces ¿repudias tu educación?
D. - No diría yo tanto. A veces pienso que es mi mayor tesoro. Pero es que la educación es el mayor tesoro y, al mismo tiempo, nos trae la mayor nostalgia.
M. - Creo que te entiendo pero, donde tú dices “nostalgia” ¿no crees que deberíamos decir “anhelo”?
D. - ¿Qué diferencia hay?
M. - Bueno… yo diría que sentimos nostalgia cuando echamos de menos algo que ya pasó. En cambio, llamo “anhelo” al deseo de algo que aún no ha tenido lugar.
D. - Creo que ya veo a dónde me conduces. Pero te agradecería que me lo explicases un poco más.
M. - Lo que quiero decir es que ese mundo para el que te educaron nunca existió. Tus maestros tampoco lo conocieron. Pero se atrevieron a desearlo. No te educaron para que supieses cómo fueron las cosas un día y cómo deberían seguir siendo. Te educaron en valores que no eran, entonces, mucho más respetados que ahora.
D. – Entonces, moralmente, no vivimos peores tiempos que los de mi niñez.
M. - Yo diría que no. Pero si me muestras en la actualidad mayores tropelías que las que hubo en el pasado, quizá me harías dudar.
D. – No estoy seguro de poder mostrarte tales tropelías.
M. – En tal caso, mejor sería evitar la osadía de condenar el presente de forma precipitada.
D. – Seguramente. Pero aún hay algo que no tengo claro
M. – Tú dirás.
D. – Bueno… para ser coherente con lo que has dicho hasta ahora, tendrías que admitir que quizá, en parte, mi descontento con los tiempos que vivimos puede estar justificado, siempre que no sea coartada de mi comodidad sino ejercicio de mi espíritu crítico.
M. – De acuerdo.
D. – Pero entonces, me hablas de un difícil el equilibrio entre la culpable minoría de edad y la culpable vejez.
M. – Sí.
martes, 20 de abril de 2010
Muchos celebran el “abril republicano”, así que propongo a los seguidores de este blog (¿hay alguien ahíííí….?) que den su opinión sobre esto del republicanismo.
Parece ser que, en parte, lo del republicanismo tiene que ver con el mecanismo para elegir al jefe del Estado. Es el primer punto sobre el que me interesa vuestra opinión. Parece sensato que el jefe del estado no sea elegido en unas elecciones, ya que una candidatura con posibilidades reales sólo es viable con el respaldo de un partido al que sólo apoya una parte de la ciudadanía. De modo que, superadas las pretensiones absolutistas de los monarcas, tiene sentido confiar el papel de moderador a un rey que se sitúa por encima de las disputas entre partidos –por lo demás, legítimas-. Pero, por otra parte, parece razonable -y más democrático- que, ya que los ciudadanos podemos pronunciarnos sobre otras cuestiones, también podamos hacerlo sobre la persona que nos parece más adecuada para ocupar un puesto tan importante como el de jefe del Estado. Es verdad que muchos no se sentirán representados por esa persona, pero lo mismo ocurre con otros cargos que simplemente son reemplazados en las siguientes elecciones si no tienen la confianza de la mayoría, y no pasa nada.
Pero casi me interesa más vuestra opinión sobre otro aspecto del tema del republicanismo. Quizá ser republicano es pensar que en una sociedad de individuos libres y racionales ningún poder, institución, creencia o tradición debe estar por encima de lo que esos individuos decidan en el ejercicio de su libertad. Recordemos lo que decía Kant en La paz perpetua: que “república” no se opone a “monarquía” sino a “despotismo” (ver La paz perpetua, sección segunda, primer artículo). Según Kant, no hay constitución republicana si los ciudadanos se convierten en súbditos. Y aquí surge mi cuestión. ¿Qué situaciones o actitudes actuales hacen que se piense en los individuos como súbditos antes que como ciudadanos?
Sobre estos temas me interesan vuestras opiniones. ¿Se pueden mantener ideales republicanos aceptando la monarquía o ser republicano implica oponerse a ella? Repito: espero vuestras opiniones, aunque sigo preguntándome anhelante: ¿hay alguien ahí…? (o como diría el Boss: is there any body alive out there…?)
viernes, 12 de marzo de 2010
¿Significa algo la palabra "fascista"?
Por desgracia, se está convirtiendo en algo frecuente que alguien vaya a una Universidad para dar una conferencia y una masa de vociferantes pretenda impedirlo. No hace mucho le pasó a Santiago Carrillo. Hace poco le pasó a Rosa Díez, también en una Universidad (la UAB), y la escasísima rotundidad de las condenas a esta última agresión me hace temer que algo así volverá a pasar más de una vez. Lo que este tipo de actos y actitudes supone lo ha retratado bien un compañero de Rosa Díez: Carlos Martínez Gorriarán, de cuyo blog me permito citar unas palabras que reflejan bien el modo en que esta forma de actuar reproduce el “fascismo incipiente” (ver http://carlosmartinezgorriaran.net/, 5-3-10): se trata de que unos cientos de «camisas pardas» campan a sus anchas «ante el miedo, la indiferencia o la abierta colaboración de quienes deberían oponérseles»; se trata pues, según Martínez Gorriarán, de…
«…genuino fascismo en sus primeros estadios: ultranacionalismo antidemocrático trufado de una retórica izquierdista -el pueblo en peligro, los derechos sagrados de la tierra y la lengua, la ocupación extranjera- que sólo disimula su verdadera naturaleza. Mussolini primero y luego Hitler la emplearon a fondo. La fashion fascistoide ha cambiado y el modelo de vestimenta es ahora el de borroka vasco, no el de ario repeinado portando pulidos correajes, pero el fin y el mensaje son los mismos: aterrorizar al disidente metiendo el miedo en el cuerpo».
Lo curioso de la cosa es que los que muestran actitudes fascistas eligen precisamente este adjetivo para insultar e intentar intimidar a sus víctimas. Lo cual me plantea una duda. Es posible que “fascista” sea un término que se ha vaciado de sentido, debido a que personas de tendencias opuestas lo usan para acusarse mutuamente. Pero, por otra parte, quizá haya que reivindicar el correcto uso del término para llamar a las cosas por su nombre y que no sean precisamente los más fascistas los que nos llamen “fascistas” a los que no lo somos. Propongo a los alumnos de las materias relacionadas con el Departamento de Filosofía, y en general a los interesados por “pensar la ciudadanía”, que en sus comentarios me den su opinión sobre este punto.
sábado, 27 de febrero de 2010
Un texto y una reflexión
He trabajado en clase con los alumnos a partir de un texto de Fernando Savater que quiero proponer en este blog:
«La ciudadanía democrática es la forma de organización social de los iguales, frente a las antiguas sociedades tribales formadas por idénticos y las sociedades jerárquicas que imponen desigualdades “naturales” entre los miembros de la comunidad. Los iguales lo son en derechos y deberes, no en raza, sexo, cultura, capacidades físicas o intelectuales ni creencias religiosas: es decir, igual titularidad de garantías políticas y asistencia social, así como igual obligación de acatar leyes que la sociedad por medio de sus representantes se ha dado a sí misma. En una palabra, el ciudadano es el sujeto de la libertad política y de la responsabilidad que implica su ejercicio» (FERNANDO SAVATER. Diccionario del ciudadano sin miedo a saber. Ariel).
He querido recordar a los alumnos que la igualdad de la que habla Savater no es otra que la igualdad de la que habla el artículo 1 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos: «Todos los seres humanos nacen libre e iguales en dignidad y derechos…». Es decir: igual valor de todo ser humano y diversos rasgos en cada uno. Pero me pregunto de dónde podría o debería nacer nuestra convicción de que todo ser humano es igual en dignidad. ¿Es una verdad objetiva? ¿Es una apuesta por la que creemos mejor forma de vida? ¿Es una herencia de las tradiciones religiosas? ¿Es un invento moderno? Recibiré encantado vuestras opiniones sobre este punto.
miércoles, 24 de febrero de 2010
Filosofía y ciudadanía y la competencia social y ciudadana
La capacidad para tener una buena relación de convivencia exige que el alumnado practique activamente el diálogo y la negociación. Son éstas habilidades que configuran la competencia social y ciudadana. En el bachillerato, cobran especial relevancia estas competencias pues el alumnado, durante esta etapa, es o va a ser pronto sujeto que participa más directa y activamente en las instituciones y en la sociedad en general. En el campo de los conocimientos, la competencia social y ciudadana implica la comprensión de los códigos de conducta y morales, así como la valoración positiva de ideas tales como democracia, ciudadanía, derechos y deberes… Las materias comunes son especialmente propicias para que este conocimiento tenga un fuerte componente reflexivo e integrador, tanto de distintos enfoques teóricos como de distintos planteamientos disciplinares. Pero, en el desarrollo de esta competencia, más si cabe que en las demás, el puro conocimiento no tiene sentido separado de la habilidad y el interés para llevarlo a la práctica.
Filosofía y ciudadanía contribuye a desarrollar esta competencia, ya que en esta materia es imprescindible que la práctica del diálogo se realice como habilidad interpersonal que configura la competencia social y ciudadana. Filosofía y ciudadanía ha de tener una aportación fundamental para que el conocimiento de los diversos conceptos y realidades relacionados con la ciudadanía tenga un componente reflexivo. Este componente reflexivo debe permitir la visión integradora de los problemas y de las respuestas que han propuesto las diferentes escuelas y tradiciones de pensamiento. Además, la competencia social y ciudadana implica conocer y justificar la necesidad de que la razón esté al servicio de la construcción de una sociedad más justa, democrática y solidaria que utiliza el diálogo como principal herramienta.